miércoles, 18 de julio de 2007

EL SPAM, ENEMIGO QUE NO ALIADO DE LOS NEGOCIOS EN INTERNET

Todos los que hemos emprendido negocios en Internet tenemos ganas de promocionar nuestro producto con rapidez, eficacia y si puede ser gratis, o al menos al coste más bajo posible. Es legítimo y lógico. Pero luego vemos que en la práctica hay ciertas cosas que no podemos/debemos hacer.

Una de las actividades a las que nunca, nunca, debemos recurrir es al spam, o envío masivo de correos con información comercial a destinatarios que previamente no hayan otorgado su consentimiento para recibirlos.

Todos somos, y seguiremos siendo víctimas del spam, receptores de esos emails que, en el peor de los casos, colapsan nuestras cuentas de correo y que tanto nos molestan. Precisamente por eso, cuando queremos publicitar un negocio, no podemos caer en la hipocresía para convertirnos en emisores de spam con el propósito de conseguir clientes, suscriptores o ventas sin importarnos la forma de lograrlo.

El spam, de un lado, no genera ventas, sino rechazo en quien lo recibe. La manera más prudente, inteligente y honrada de promocionar nuestro negocio es situarlo en los escaparates ante los que pasa el público potencial, o a los que éste acude buscando productos como el que ofrecemos. Pero nunca hemos de invadir el correo electrónico de nadie, es como invadir su casa. Así desde luego no nos compraran.

Por otro lado, y en relación a lo anterior, puede que alguien nos denuncie acogiéndose a la normativa vigente que sanciona duramente a quien hace spam. La Agencia Española de Protección de Datos sancionó recientemente con 30.000 euros a un comercial español por enviar 13 emails que dicho organismo consideró spam tras recibir una denuncia al respecto. Hablamos de 13 emails, cifra que tampoco puede considerarse masiva. Sin embargo, los tribunales de Justicia acaban de anular esta sanción, porque el comercial ha podido demostrar que envió los emails a las personas con las que había intercambiado tarjetas de visita en una feria empresarial para contactar posteriormente y tratar de negocios, por lo que la instancia judicial entiende que sí existía un consentimiento de los destinatarios.

Este ejemplo es sólo una muestra de lo que puede ocurrir si nos convertimos en emisores de spam, lo que, resumido en pocas palabras, equivale a tirar piedras contra nuestro propio tejado.



José Gálvez
One Marketing Click

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